TRES DÍAS
Dormí(dos)
Son los lagos de tu saliva en las grietas de mis
pezones,
-Succión-
los narcisos centelleantes en tus manos oscuras,
los peces que nacen, árboles y raíces de tu bosque,
los verdes y azules, los de tu selva imaginada,
los de tus bordes de ámbar puestos en mis adentros.
Llegas y ya no soy de mí; en ti me he convertido.
Día 2
Aparición.
Ven que te pienso,
que este ardor sensual
te busca en la noche.
Te espero sobre los bordes de mi cama,
toma mis vestigios de alquitrán enmudecido,
los bordes de esfera corrompida,
mis surcos de destello
y de proverbio marino,
el contorno de dos labios
que guardan tu presagio,
tus manos que sienten cuando tocan
pero hablan de noche y de pasado,
en mi yo que me de(a)nuncio a diario.
Tócame, así, en pretérito pluscuamperfecto,
en futuro absoluto e insurrecta abdicación.
Día 3
Te has ido, A u s e n c i a .
Regresa, ven que espero como un muerto
lleno de girasoles que desnuda
su sangre para tu cuerpo,
ven que me quiebro en el torrente de tus venas,
en el inicio de los fines de tu nombre.
Prosigue en este llanto
de mi desconsuelo acompasado
que gobierna errante en tu ciudad de flores.
Me restringes en las horas de la espera,
en los mórbidos helechos de tu jardín antiguo,
aguardar para tocarte
y observar tus bordes encendidos,
tus cavilaciones de inesperada tregua,
en la imprudencia de tu muerte.
Yo quise disuadir tu retórica
tu metáfora incompleta.
Agonízarme en tus ojos de nación de empobrecido,
de ciudades que revuelan en el asfalto de tus
calles.
La luz que brota de púrpuras elegías
y tu boca deshecha que deshacía la mía,
era tu pecho inerte de cavilaciones
sostenidas por mi
pena
y tus manos de suave perfume de los días,
de aromas legendarios y de formas esparcidas;
tu quiebre al hablar, tu inestabilidad acompasada,
tus aristas recorridas, tus ángulos irregulares eran
mi soporte.
Cavilabas en tu "estoy triste",
"estoy", "esto", "Es",
para una noche nacer pero yo ya no era.
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