ANUB
Perdóname, madre
por
derramar mis lágrimas en tu casa,
por
causarle a tus flores el abandono
por
ensanchar tus caminos angostos
y
quedarme en la paz de tu nombre.
Perdóname
por olvidar
que
tu cuerpo también era el mío,
por perfumar
los pasillos con olores de olvido
y por
usar tus manos sin haber tenido alma.
Perdona
mis rincones, los de eminente ansia
perdona
a mi huésped de formas irregulares
perdona
a la puesta de sol
que confundió tus ojos
perdona
al que nunca te habló
porque
ignoraba los jardines
perdona
al que descuidó tu valentía
por gozar
de tu muda tristeza
al que
rompió todos tus espejos
al que
en diciembre ya no recordaba
que un
día habías nacido bajo
el
cielo opaco de este mundo.
Perdóname
por no habernos ido
a vivir
lejos de las cercanías
por estancar
nuestras aguas
por arrancarle el aire a tu respiro
por
inventar todas tus verdades…
-¿la
noche? yo he abierto mi pecho
y ahí
la he puesto.
Me
asomé para verle las alas a tus flores
para renacer de las entrañas
de tu
cuerpo
-¿estrecharte para anhelarme viva?
-¿has
visto a los pájaros de nuestra casa?
madre,
cantan porque no tienen nombre
porque vuelan sobre los fugaces
porque no saben de finales
y han sido promesa de tu Sombra
y han sido promesa de tu Sombra
-¿sabes
el final?
nacieron
de tu risa, madre
de tu
sustancia eterna
de tu
lumbre de amor
de tu
bóveda celeste
que me
vio llorar un día en que
pude,
por fin, gloriosa
volver
a tu vientre.
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